Introducción

La enorme popularidad del fútbol hace que los niños del mundo entero jueguen en cualquier lugar, sin importarles el número de jugadores. Con el paso del tiempo, han surgido múltiples variaciones del fútbol tradicional. El fútsal y el fútbol playa son las dos modalidades que ha aprobado la FIFA, reconociendo su rápido crecimiento y popularidad mundial, sobre todo entre los más pequeños. 

Fútsal

Se puede jugar al fútsal en canchas exteriores e interiores, en superficies planas, blandas y no abrasivas. En las competiciones nacionales incluso se permite el césped artificial. La principal diferencia con respecto a otras modalidades de minifútbol es el balón: es más pequeño y tiene menos rebote que el balón normal. Como ya se ha mencionado, el fútbol de equipos pequeños aumenta el contacto con el balón en comparación con el fútbol 11.

Cuando se juega al fútsal, esta diferencia es aún mayor. Los estudios demuestran que el reducido rebote del balón de fútsal, cuando se usa en la superficie adecuada, facilita el control y la precisión. Los niños no pierden la pelota con tanta facilidad, lo cual redunda en un mayor número de toques, transiciones más rápidas entre defensa y ataque y más tiros a puerta. Un control más sencillo del balón aporta más confianza al niño y aumenta su creatividad.

Al mismo tiempo, los pequeños tienen menos miedo al balón de fútsal porque rebota menos. Si se piensa en jugar al fútbol en el futuro, el fútsal supone una excelente preparación para ello. Dado que el balón de fútsal pesa más que el normal, puede mantenerse cierta proporción en un terreno grande en lo que se refiere al esfuerzo necesario para pasar y disparar.  

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Para los menores de 12 años se recomienda el balón de fútsal n.º 3, pero existen muy pocos. Incluso con esta pelota tan particular, el fútsal sigue siendo accesible y puede practicarse en una amplia variedad de instalaciones municipales, escuelas, universidades y centros deportivos, que suelen utilizarse para baloncesto o balonmano.

Siendo posible practicarlo en el interior, el fútsal es ideal para las regiones geográficas donde la lluvia, el viento o la nieve hacen a menudo imposible jugar al aire libre. En estas partes del mundo, instalar y mantener canchas de césped natural o artificial resulta difícil y costoso.

El hecho de disputarse en un entorno seguro y cubierto también puede contribuir a a que los niños y niñas jueguen más y niñas y a implicar a diversos grupos religiosos. 

Fútbol playa

Como sugiere su nombre, esta disciplina se practica en la arena. No obstante, no es necesario que se trate de playas naturales. En muchos países, se juega al fútbol playa en canchas artificiales e incluso cubiertas. Al igual que otras variedades de fútbol de equipos pequeños, el fútbol playa hace que los jugadores tengan más contacto con el balón como resultado del tamaño de la cancha y del número reducido de jugadores. Además, esta modalidad puede ser una alternativa divertida para los niños.

El hecho de que la cancha sea irregular y blanda complica el regate, el pase y el disparo a puerta, y los jugadores necesitan un buen equilibrio y coordinación para realizar cualquier acción técnica, tengan o no el balón. Por ello, el fútbol playa resulta muy beneficioso para la coordinación y la velocidad de reflejos de los pequeños, ya que es más difícil predecir la trayectoria del balón. Estas habilidades facilitarán el desarrollo de otras aptitudes en cualquier modalidad. 

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Además, los niños valoran que duele menos caer en la arena que en otras superficies más duras e, incluso si no están acostumbrados, pronto se sienten seguros. Por otra parte, se necesita muy poco material para jugar al fútbol playa y, según las Reglas de Juego, se juega descalzo.

Por último, especialmente para aquellos países con interminables kilómetros de costa o aquellas pequeñas islas donde hay pocas instalaciones, el fútbol playa es una alternativa interesante precisamente porque apenas requiere infraestructura. 

Conclusión

Tanto el fútsal como el fútbol playa pueden considerarse actividades complementarias al fútbol, ya que amplían el abanico de opciones. Allí donde el espacio o la infraestructura son limitados, las condiciones climatológicas no son buenas o los descansos de verano e invierno hacen imposible la práctica del fútbol, estas dos disciplinas ofrecen a los niños la oportunidad de seguir jugando.